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EN LA MEMORIA

EN LA MEMORIA
  • María, Alfonso y yo saltando en las camas de la vecina, había nacido Maricarmen. Papá con el coche relimpio y flores para mamá. La primera sesión de cine, con María y el tío Paco. Ponían Cenicienta. Una mañana de abril a los once años. La cubierta de un barco enorme, la lluvia en la cara. Enfrente Vigo, acercándose a cámara lenta. La risa floja con mis amigas del colegio una noche en un noviciado de Ávila. Vigo, diez años después, de becaria en el Faro de Vigo y  la emoción de mi primer sueldo. Una puesta de sol en una playa cerca de El Grove, con mi novio de ojos verdes. Un desayuno en el puerto, de madrugada, con los marineros recién desembarcados. El vértigo al verle, cinco horas después de haber soñado con él. El descubrimiento de mi hija recién nacida. El primer momento a solas con mi hijo. El último chiste de mi amigo Fernando (un chiste malo es uno grandote que les pega a los otros chistes). El calorcito de mayo en Cabo de Gata. Una habitación en Ámsterdam, sobre un canal. El sabor del vino en una plaza de Lucca y el de un capuchino en una de Roma. Un polvo entre las dunas tibias de una playa casi vacía.
     
    El miedo a aquella monja que me dejó con mi vómito sobre el uniforme, delante de todo el colegio. La soledad fría del internado. Maricarmen veintisiete años después, aquel olor almendra amarga del que había leído algo en algún sitio. El viaje en coche, detrás del coche fúnebre, hasta Galicia. La incredulidad de que fuese ella quien iba allí dentro. Papá y mamá en nochebuena, cuando la tristeza era un peso insoportable. Las lágrimas de Alfonso. El dolor de escuchar Aviones plateados. Su letra redonda en un cuaderno de anillas que yo no había visto antes. Los catorce años de Sara, con todos esos huesos sobresaliendo de la piel. El desconcierto de Mario por la enfermedad de su hermana. El dedo de la psicóloga, apuntándome. Los días de depresión. Aquel terror a todo. La vulnerabilidad enfermiza. Mi amor, sufriendo por mi culpa. 
     
     
    En casa, escribiendo una noche de nevada, con la chimenea encendida. Bryan Ferry versionando Falling in Love Again, casi amaneciendo, mientras bailamos en el salón. Los domingos con sabor a huevos fritos con arroz y vino de Rioja.
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1 comentario

Sagrus -

Cada vez que lo leo me emociono. Es tan bonito como lo dices... Y hasta a mi me recuerda tantas cosas.

No he podido evitar llorar
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