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sol de otoño en madrid, 2

sol de otoño en madrid, 2

AHORA cada vez que entro en la cocina tengo que dar un paso largo. Para no pisarte. A lo mejor se me está yendo la cabeza. A lo mejor si haces algo así, te trastornas. A lo mejor lo haces porque estás trastornado. Se me ocurren cosas tan graciosas... NUNCA se me había ocurrido matar a nadie. Fue sin querer. O no. No se mata sin querer. O sí, porque pasó de repente. Y me hubiera bastado con que te fueses lejos. Aparta, anda, déjame poner la cafetera. ANTES no hablábamos. Me estoy acordando de aquella obra de teatro... una mujer que hablaba con su marido muerto. Yo nunca había hablado tanto contigo como hoy. Ay, qué feo te estás poniendo. DESPUÉS del café, te empiezo a trocear. Luego te meto en el arcón y después limpio esto. Con lejía. Luego con amoníaco. Después otra vez con lejía. Pero primero me acabo el café. Qué rico el café. El silencio. La soledad. Me gusta estar sola. YA no puedo esperar más. La cocina huele a carnicería cerrada. Espera que ponga la radio. Un poco de música, para animar. Mi novio es un zoombie. Es un muerto viviente. Antes de nada te voy a rapar. El pelo a la basura y luego te envuelvo en papel albal. Es más higiénico. MAÑANA termino. Estoy cansada para ponerme a fregar, después de tanto trabajo. Pero mañana, lo primero. Con lejía. Con amoníaco. Luego con lejía otra vez. Cuando esté todo limpio, empiezo a guisar. Manitas de cerdo. Qué suerte que de los cerdos se aproveche todo. SIEMPRE dicen que la policía lo descubre . A veces por un vecino que ha visto algo. Otras por las epiteliales. Qué risa, las epiteliales. O el culpable confiesa. No será mi caso. Ya se me ocurrirá algo para que desaparezcas para siempre. JAMÁS me descubrirán. No me arrepentiré. No me voy a confesar a nadie. No habrá remordimientos. Tengo que pensar. Pensar, pensar, pensar. Una historia. Un cuento para ti. Para que te duermas para siempre. Una nana de despedida. RECIÉN volvía de comprar el pan, me crucé con un tipo. Jugaba contigo a los dados. Me preguntó y le conté. Me has dejado. Te has llevado todo el dinero. La caja de zapatos llena hasta arriba de billetes. Billetes para Chile. Para Argentina. Para Australia. Yo qué sé. Querías irte lejos. Dijiste que lo más lejos que pudieses ir, te irías. MIENTRAS hablaba, él asentía. Lo único que me importa es que se ha llevado el dinero. Lo había ido guardando yo. Todo de mi trabajo. El nunca me dio nada. Sí, voy a ir a la policía. Que le busquen. Que me devuelva lo mío. Me salió así, de un tirón. Ya ves qué cosas. AÚN no sé cuánto hay. La última vez que lo conté fue hace mucho. El día que pensé que tenía que marcharme. A Chile. A Argentina. A Australia. Lo más lejos que pudiese. Marcharse lejos cuesta más de lo que tenía. Más de lo que tengo. Pero ahora puedo esperar.

 

foto: chincheta en www.esflog.com 

 

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sol de otoño en madrid

sol de otoño en madrid

el lunes te dije:

no me hagas llorar

más

en el suelo hay un rio

sangre

que sin prisa va ocupando

una a una

las baldosas

ahora

me alcanza un pie

ahora

me mancha una media

ahora

me aparto

me cambio

me voy

sin cerrarte

los ojos

no

no más tiempo

para tí

es jueves

son las doce menos cuarto

y en la calle

han sacado las sillas

al sol

Dibujo: Chincheta - www.esflog.com

MARÍA, EN CALCUTA

MARÍA, EN CALCUTA

Por las mañanas he cogido mujeres maltradas, violadas, están fatal... locas. se arrastran por el suelo... el trabajo es hacer las camas, fregar y luego compañía, despiojarlas...ayudar con las medicinas... pero hoy hemos empezado también por las tardes con enfermas, en otra casa. hoy agotada. son las 8.30. muero de cansancio y de calor.

OTOÑO

OTOÑO

 

Al otro lado del cristal

alfombra de terciopelo  

pétalos húmedos

sobre escarabajos muertos

que salga a caminar, susurra el otoño

que respire el olor de la higuera

que hunda los pies entre sus flores moribundas

me da vergüenza rechazar

tanta belleza

pero hace frio,

los días son cortos,

el mar está lejos 

y ya no puedo andar descalza.

Le doy la espalda

miro el calendario y punteo

uno, dos, tres, cuatro

ciento setenta días

para la primavera

busco los calcetines

pego la nariz a la ventana

y me siento a esperar

 

Foto: Hojas, de Carlos Naranjo

Galicia Canival II

Galicia Canival II

Galicia canival

Galicia canival

érase una vez, el bosque

érase una vez, el agua

érase una vez el hombre 

la estupidez

la locura

la muerte

érase

una

vez

blog en beirut

blog en beirut

I was a little girl here i am a martyr

I was a little girl; here i am a martyr without prior notice.
My members are dislocated.
The fight planes’ sound, the bombing of different Beirut regions, the explosions that break the nerves, deafen the ears. My ear is still ringing.
The negotiations couldn’t get a cease-fire
In the upcoming days no shouts neither prayers to survive.
No communications between the people, half a million are already displaced.
www.laureghorayeb.blogspot.com
Ilustración: Mazen Kerbaj

LA CIUDAD INVISIBLE

LA CIUDAD INVISIBLE

Te dije que había una ciudad 

dentro de la ciudad.

Ya ves que era cierto.

 

Foto: Calle Olivar de Madrid. revolt.es

DÍAS RAROS

DÍAS RAROS

 

solo una línea

delgada 

casi invisible

no hay aduana

banderas

carteles

vigías

luces que avisen

cuánto seguir

hasta dónde.

Avanzamos

en penumbra 

a tientas

haciendo un camino

circular

 

Ilustración de Chincheta  (foto: revolt.es)

HOMBRES

HOMBRES

Ni la sangre era azul

ni había príncipes.

sólo aquel montón de sapos

convertidos en hombres

desconcertados

a punto de hacer del juego

una lucha a muerte

por la vida.

(foto Serie Roja: Sangre, de Carlos Naranjo)

TORMENTA

TORMENTA

  

Hay días en los que ocurren cosas que no ves. O sí, las ves. Pero no te das cuenta.

Si tienes suerte, antes de que se te olviden te cruzas con alguien que les pone el nombre que les hubieras puesto tú.

Hoy amaneció gris plomo y aunque es primavera llovió una tormenta de verano.

Pero no era eso.

Mi hermano, que sabe encerrar el alma en un puño como si fuese el cuerpo de un gorrión y no un puñado de viento, me dijo,

—¿Sentiste la tormenta esta mañana? Ha sido una tormenta de tarde.

—Ah, pensé, era eso lo que no encajaba.

 

 

 

 

(Foto de Clark Dunbar)

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CARTAS

CARTAS

HAIKU

HAIKU

Pobre corazón

cabalgando la vida

que se desboca.

EL BOSQUE ROJO

EL BOSQUE ROJO

 

Me solté de tu mano. Al poco me di cuenta de que las raíces de aquellos árboles eran tentáculos. Y las copas, todos los tonos del verde un momento antes, ahora eran negras. O rojas. Y el sol no entraba en aquel claro del bosque, que era una cueva. Había caminado confiada. Sin mirar atrás. Distraída en escuchar pájaros cuyo nombre no sabía. Pero los pájaros se habían callado. 

Me paré. Era extraña, aquella niebla roja. Hacía frío. Entonces volví la cabeza y descubrí tras de mí una sombra alargada.

Mira, me dijiste, señalando alrededor, he pintado el bosque de rojo.

Y las raíces de los árboles volvieron a cobijar duendes. El sol de fuego de la tarde iluminó las copas. El claro a donde habíamos llegado era el sitio más fresco del bosque.

Y la sombra alargada era tu sombra, cuidando de la mía.

(Foto El Bosque Rojo, Carlos Naranjo)

PRIMAVERA

PRIMAVERA

Como un oso después de hibernar, salgo de la cueva.
Me estiro y respiro con el alma abierta de par en par. 
Aire tibio.
Cosquillas en la piel, besos en el corazón. 
Corro a buscar mis pantalones de recibir mayo. Me pongo las sandalias (los dedos de los pies se despiertan y miran alrededor)
Me subo al coche y canto a voz en grito una de Sabina, Rosario a los coros: 
A veces vivo y otras veces, la vida se me va con lo que escribo. 
Ahora no escribo.  
Estoy estrenando el mundo. 
Como cada vez que llega la estación venid y vamos todos, con flores a María.
Estrenandome a mí, ahora que me tengo.
Ahora que ya casi me olvido de que hace un año
la tristeza se hizo cargo de todo. 
Del cuerpo,
del alma,
de lo racional y de lo que no lo es.
Ahora no,
pensaba cuando dejaba de pensar.
Esto no puede pasar ahora
¿no era el otoño para esto?
El miedo ocupaba todo, sujetándome detrás de una pared invisible. 
Tras un muro desde donde la primavera se ve, pero no se toca.  
Estos días, a cada paso, cada hora, ahora mismo,
soy un oso recién salido de la cueva.
Huelo las flores.
Lamo las colmenas.
Me rasco la espalda contra un árbol.
Juego con los otros osos.
Todo, todo, menos
desovillar historias que voy guardando
de cualquier manera.
* * *
En primavera no hay quien escriba.
Demasiada vida alrededor.
* * *
(Foto El Balance del Rojo, de Andrew Stanford)

ARTE URBANO

ARTE URBANO

hay una mujer en mi ciudad

que pinta las paredes

con sangre negra

hay una mujer en la ciudad

que va dejando trozos de corazón

clavados de las paredes

con

chinchetas

 

ilustración de Chincheta: para Proyecto Sueña

(visto en revolt.es)

HAIKU I

HAIKU I

Huele a mimosa,

asoma primavera

detrás de marzo

ISAURA

ISAURA

Soy una habitante del viento.

Una viajera.

En otoño voy de acá para allá con las hojas secas.

En primavera con el diente de león y las flores

de los cerezos.

Nunca estoy quieta en un sitio

durante mucho tiempo.

Por eso me puedes encontrar

donde menos te lo esperes. 

           

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EN LA MEMORIA

EN LA MEMORIA

  • María, Alfonso y yo saltando en las camas de la vecina, había nacido Maricarmen. Papá con el coche relimpio y flores para mamá. La primera sesión de cine, con María y el tío Paco. Ponían Cenicienta. Una mañana de abril a los once años. La cubierta de un barco enorme, la lluvia en la cara. Enfrente Vigo, acercándose a cámara lenta. La risa floja con mis amigas del colegio una noche en un noviciado de Ávila. Vigo, diez años después, de becaria en el Faro de Vigo y  la emoción de mi primer sueldo. Una puesta de sol en una playa cerca de El Grove, con mi novio de ojos verdes. Un desayuno en el puerto, de madrugada, con los marineros recién desembarcados. El vértigo al verle, cinco horas después de haber soñado con él. El descubrimiento de mi hija recién nacida. El primer momento a solas con mi hijo. El último chiste de mi amigo Fernando (un chiste malo es uno grandote que les pega a los otros chistes). El calorcito de mayo en Cabo de Gata. Una habitación en Ámsterdam, sobre un canal. El sabor del vino en una plaza de Lucca y el de un capuchino en una de Roma. Un polvo entre las dunas tibias de una playa casi vacía.
     
    El miedo a aquella monja que me dejó con mi vómito sobre el uniforme, delante de todo el colegio. La soledad fría del internado. Maricarmen veintisiete años después, aquel olor almendra amarga del que había leído algo en algún sitio. El viaje en coche, detrás del coche fúnebre, hasta Galicia. La incredulidad de que fuese ella quien iba allí dentro. Papá y mamá en nochebuena, cuando la tristeza era un peso insoportable. Las lágrimas de Alfonso. El dolor de escuchar Aviones plateados. Su letra redonda en un cuaderno de anillas que yo no había visto antes. Los catorce años de Sara, con todos esos huesos sobresaliendo de la piel. El desconcierto de Mario por la enfermedad de su hermana. El dedo de la psicóloga, apuntándome. Los días de depresión. Aquel terror a todo. La vulnerabilidad enfermiza. Mi amor, sufriendo por mi culpa. 
     
     
    En casa, escribiendo una noche de nevada, con la chimenea encendida. Bryan Ferry versionando Falling in Love Again, casi amaneciendo, mientras bailamos en el salón. Los domingos con sabor a huevos fritos con arroz y vino de Rioja.

REINA

REINA

Cuando inició su viaje: 

ida y vuelta al infierno,

yo seguí mi camino:

el buen camino. 

Me asustaban su coraje

su pasión por el peligro.  

Aún no puedo creer que esté aquí

otra vez,

que su risa haya vuelto con ella.

Tiene heridas abiertas 

ha gastado casi todas

las lágrimas.

Pero trepó desde el abismo

hasta la luz. 

Ahora sabrá encontrar cada trozo

de corazón 

roto.

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