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sola por la arena, sin zapatos

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CON CUALQUIER PRETEXTO

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_ ¡Para!

_ ¿Por qué? ¿Qué te pasa?

_ Que se me ha volado el sombrero.

_ ¿Qué sombrero?

_ Qué sombrero va a ser, el mío.

_ ¿Te has vuelto loca? No llevabas ningún sombrero.

_ Claro que llevaba. El de rafia, con la cinta azul.

_ Ni aunque llevaras sombrero. Las ventanillas están cerradas.

_ Pues yo llevaba sombrero cuando entré en el coche.

Dio un volantazo, paró en el arcén y se volvió hacia mí.

 _ ¿Pero qué coño te pasa? - dijo - Ni siquiera te gustan los sombreros.

 Abrí la puerta. Fuera olía a primavera.

La verdad es que nunca se me han dado bien las despedidas.

 

Foto: Arcadia 2, de Carlos Naranjo.

30/04/2008 11:07 Autor: viajesinzapatos. #. Hay 2 comentarios.

DE BODA I

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Lo habíamos echado a suertes y me había tocado. La primera cita fue por una apuesta y el primer viaje porque me moría de ganas de conocer París. A partir de entonces todo rodó solo. Es un buen partido, decía mamá. Tiene unos dientes preciosos, gritaba la abuela. Y una profesión de futuro, aseguraba papá. Sería una locura que lo dejases escapar, cotorreaban mis amigas. A nadie le pareció que sus manos fuesen blandas.

Me dije que todos no podían estar equivocados. Acepté la gargantilla que había sido de su bisabuela, compré un traje de novia y los días pasaron deprisa hasta la puerta de la iglesia, donde ya no había vuelta atrás.

Sin embargo, me entraron unas ganas locas de salir corriendo.

  

Foto: Boda EEUU, de Carlos Naranjo  

09/12/2007 20:16 Autor: viajesinzapatos. #. Hay 2 comentarios.

DE BODA II

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A la puerta de la iglesia mi mirada se cruzó con la suya y se me atragantaron de golpe tres años y un día de pastelitos, gofres y torreznos. Tragué saliva y sentí la gargantilla en mi cuello como una soga.

En el convite corté los tres pisos de tarta, coronada por una pareja de novios de plástico. Compartí la primera ración con mi marido recién estrenado, que me llevó en volandas a bailar un vals. Tenía una mota de nata en  la comisura de los labios. Alguien gritó ¡cambio de pareja!

Y me fugué con su primo Gerardo.

 

Foto Boda EEUU 2, de Carlos Naranjo

 

09/12/2007 20:04 Autor: viajesinzapatos. #. No hay comentarios. Comentar.

ECO

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Se acabaron las palabras

Abro la boca y expiro

aire silencioso

No más

Ven

Voy

Vamos

Y sin embargo

tu voz

Tu voz susurra mi nombre

 

Cada minuto de cada hora

el eco 

lo que fuimos

retumba

en mi cabeza

 

Foto: Aún Puedo Oirte de Carlos Naranjo

10/11/2007 14:14 Autor: viajesinzapatos. #. No hay comentarios. Comentar.

BASURA

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Salió de su casa con una pila de periódicos atrasados. Cruzó la calle, abrió el contenedor amarillo y los tiró dentro. Me pregunté por qué habría hecho eso, si el contenedor de papel está dos pasos más allá. No dejé de darle vueltas hasta que leí las noticias y supe lo que pasa. No pasa nada.

Después de cenar puse una bolsa de basura en el cubo, tiré las raspas del lenguado, una lata vacía de espárragos, un par de pilas gastadas y un móvil roto. Cogí la bolsa y el periódico de ayer, crucé la calle y lo dejé todo en el contenedor verde. Es el que queda más cerca de casa. Entonces se me acercó un tipo la mar de indignado y me afeó lo que acababa de hacer.

 

_ ¿Es que no se ha enterado? - le dije-. Mire usted, que no hay de qué preocuparse. Que lo de la desertización era un invento. Una broma global.

 

El hombre se puso la mar de contento. Se metió en su coche, pisó el acelerador a fondo y yo respiré la nube gris que escapó de su tubo de escape, antes de volver a casa.

Foto: Pájaros, de Carlos Naranjo

25/10/2007 22:10 Autor: viajesinzapatos. #. No hay comentarios. Comentar.

CULO

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Hace dos meses entré en aquel bar, elegí una mesa junto a la ventana. Pedí una clara con limón y abrí el cuaderno. Miré la página en blanco con el lápiz en la mano y luego miré la calle. Pasabas por ahí. Como sonámbula, salí del bar sin cuaderno, sin lápiz y sin pagar. Caminamos calle abajo. Te seguí por la segunda a la izquierda y luego por la primera a la derecha. Miraste hacia atrás. Nos miramos. Me metí en una librería. Compré un libro que ya tengo y salí. Caminamos calle arriba. Ahora, yo delante y tú detrás. Me seguiste por la primera a la izquierda y luego por la segunda a la derecha. Miré atrás y  nos miramos. Te metiste en el bar, cogiste mi bolso y mi cuaderno, pagaste mi cerveza y nos fuimos, los dos, calle abajo.

 

 

 

 

 

Foto: Movimiento, de Carlos Naranjo

27/08/2007 21:48 Autor: viajesinzapatos. #. Hay 2 comentarios.

LA CASA ROJA

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 Para Maripi 

Todos tenemos un paraíso perdido. Un lugar, una época, una gente, en y con los que fuimos muy felices, con una felicidad tan grande que nos parece imposible que vuelva a darse. (...) Eso es un recordatorio de que el paraíso existe. Y de que puede volver a existir: volverás a sentirlo. Aunque será en otro lugar, con otra gente, en otra época. (Berna Wang)

06/06/2007 17:37 Autor: viajesinzapatos. #. Hay 1 comentario.

ROTA

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No entendí tu afán de romperme cada día

Golpes de mazo

Cortes de cincel

Después yo

a duras penas

recogía mis esquirlas esparcidas

De haber sabido qué querías

de mí

hubiera salvado el tiempo

la ilusión

la vida

perdidos en tu empeño en recrearme

perfecta

Si hubiera sabido

que tu afán era ese

te habría gritado que no soy piedra

(a lo mejor también te hubiera dicho que tú no eres quién)

Foto: Escultor, de Carlos Naranjo

08/05/2007 15:14 Autor: viajesinzapatos. #. Hay 3 comentarios.

LA DIGNIDAD DE TEODORO H.

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                                                                                                                                                                                                                                 Teodoro H. se hizo torero por el traje de luces. Para él, que había nacido sin sentido común, la vida era un jeroglífico por resolver. Una carretera sin señales. Un viaje sin mapa. Hasta el último aliento, Teodoro H. intentó comprender el mundo y hacerse un sitio en él.

_ El respeto da sentido a la vida de un hombre, le había dicho su padre cuando aprobó el último curso del Instituto, consigue respeto y tendrás lo que quieras.

Teodoro H. se guardó aquella palabra en la memoria para siempre. Y se pasó la vida buscando respeto.

A los dieciocho años se hizo militar. Tenía fuerza de voluntad y buena memoria, cualidades necesarias para ascender de cursillo en cursillo. Cuando ya era teniente, un motín en una cárcel requirió la actuación de los militares. 

Teodoro H. expuso su estrategia en mitad de una reunión de mandos medios:

_ El negociador lleva un día y medio intentando que los amotinados se rindan. Los funcionarios tienen pocas posibilidades de salir con vida de esto. Sugiero que prendamos fuego al edificio y apuntemos como únicos culpables a los reos amotinados. 

Después de varias sesiones con el psicólogo del cuartel, a Teodoro H. se le comunicó su cese y un tiempo después, su expulsión del ejército.

Durante meses vivió sin rumbo, hasta que se ennovió con una mujer a la que conoció en la panadería y a la que también le faltaba el sentido común desde su nacimiento.

Entablaron una relación sin palabras que se alimentó de tortitas con nata en el vips y sesiones de cine de barrio. Una noche salieron de casa envueltos en una niebla que olía a humo y dos manzanas más allá se encontraron de frente un edificio en llamas. Al contemplar el trasiego de escaleras, mangueras y bomberos la mujer exclamó:

 _ ¡No hay uniforme tan bonito como ese!

Y Teodoro H. decidió hacerse bombero.

La ilusión de vestir su segundo uniforme le duró muy poco.Teodoro H. explicó al jefe de personal que le habían expulsado del ejército por sus ideas.

_ ¿Y qué ideas eran esas? – preguntó el hombre, que escuchó la respuesta haciendo anotaciones en una agenda, en silencio, mirando de vez en cuando a su interlocutor sin levantar la cabeza.

Al cabo de unas semanas, Teodoro H. recibió una carta: no reunía los requisitos necesarios para incorporarse al cuerpo de bomberos.Teodoro H. intentó vestir cuantos uniformes tuvo ocasión y con todos fue fracasando. Unas veces por falta de talento (casi se estrella en una práctica como piloto); otras por osadía (llamó ladrón a un político para el que trabajó de chófer); una vez por falta de fe (quiso ser ministro de Dios y puso en duda la existencia del Espíritu Santo).

Pero cada vez que llegaba a un callejón sin salida, intentaba un nuevo camino para descifrar el jeroglífico de su existencia, como si la naturaleza hubiese querido paliar con un extra de optimismo su déficit de sensatez. Tiempo después de un último intento fallido y tras cruzarse en la puerta de Las Ventas con la cuadrilla del maestro José Nomás, quedó deslumbrado por el traje de luces y decidió hacerse torero.

Estuvo dando clases con un diestro jubilado, cuyo paso por la Maestranza había forjado su leyenda en vida. Teodoro H. tenía casi cuarenta años cuando empezó su instrucción y el maestro dio por hecho que el interés desmedido de su alumno por aprender no se debía a otra cosa que a las inquietudes de una mente curiosa y perfeccionista, sin sospechar ni por asomo que Teodoro H. aspiraba a tomar la alternativa en cuanto se supiera preparado. Tampoco sabía nada el maestro de la falta de sentido común de su pupilo, así que impartía las lecciones teóricas como lo hubiese hecho con cualquier otro. Cuando tocó hablar de las cornadas y de las probabilidades de morir en la plaza, Teodoro H. llevaba un año dando clases y a esas alturas su respeto por el maestro era inmenso. Todo lo que pudiese decir era ley para él.

_ El torero se gana el respeto jugándose la vida en la plaza.  Pero nada reviste de dignidad a un torero como su muerte en el coso. ¿Qué muerte podría ser más digna? ¿qué otro final más bello que ese en el que la sangre tiñe de grana la arena? ¡El cuerpo roto, desmadejado entre las patas del toro! ¡El traje desgarrado, pintado a trazos cruzados de sangre de torero y sangre de toro! ¡Qué muerte, Teo, qué muerte esa que se ha podido brindar antes a la mujer amada!

El maestro filosofaba sobre su arte como quien habla para sí y Teodoro H. lo escuchaba como quien está siendo depositario de una revelación.

_ ¡Nada reviste de dignidad a un torero como su muerte en la plaza!, pensó luego, camino de casa.

Y lo repitió en voz baja mientras removía las patatas de la cena con la espumadera.

_ ¡Nada reviste de dignidad a un torero como su muerte en la plaza!, fue lo último que se le pasó por la cabeza esa noche, antes de quedarse dormido. 

Teodoro H., dispuesto a todo por llegar a ser un hombre de respeto, juntó sus ahorros, que le dieron justo para encargar un traje de luces y se despidió del maestro, en parte porque el dinero no le daba para más, en parte porque consideró que ya había aprendido lo necesario. 

El día de su muerte, Teodoro H. se vistió el traje, se echó encima una gabardina y después de santiguarse salió camino de Las Ventas, donde traspasó la entrada y se adentró en la plaza hasta la barrera. Una vez allí aprovechó un revuelo de pañuelos blancos para dejar la gabardina en el suelo. 

Nadie sospechó que fuera ajeno al cartel de la tarde, tales eran su porte y su gesto. Quienes allí estaban le fueron abriendo paso con la reverencia que merece el que está a punto de desafiar a la muerte y a Teodoro H. se le puso el alma en la garganta cuando sintió, por primera vez en su vida, el respeto de la gente.

El cartel anunciaba aquella tarde a Currito García, El Chiclanero y Pepe el Zahorí. A las seis, Pepe el Zahorí lidiaba su primer toro, Azulado. Teodoro H. esperó el momento en que el torero se prepara para entrar a matar. El toro esperaba, sólo, en un extremo del coso. Teodoro H. se santiguó antes de saltar la barrera y emprender carrera, muleta en mano, hacia la muerte.

Azulado volvió la cabeza y le vio correr hacia él. Se miraron. El torero se plantó delante, movió el capote y el toro arrancó. Después de dos pases, Azulado enganchó a Teodoro H. por el muslo. Los gritos del tendido acompañaron la carrera del toro, que llevó a Teodoro H. en volandas, sacudiéndole de un lado a otro hasta soltarlo en la arena como quien se deshace de un bulto que estorbe. La plaza se había quedado en silencio.

Antes de morir desangrado camino de la enfermería, Teodoro H. miró por última vez el cielo de Madrid, más azul que ninguna otra tarde que pudiera recordar. Y cerró los ojos, en paz consigo mismo por primera vez en su vida.

 Foto: Tierra Roja, de Carlos Naranjo   

31/03/2007 18:51 Autor: viajesinzapatos. #. Hay 3 comentarios.

PUERTA CERRADA

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_ No puedo respirar, te dije.

_ Cómo no vas a poder, replicaste tú riendo. Respirar se hace sin pensar. Ahora estás respirando ¿ves?

_ No, te digo que no puedo

_ ¿Me lo estás diciendo en serio? – ya no te reías - ¿que te vas a morir porque no puedes respirar?

_ Sí, eso es.  

Te costó rendirte, porque a ratos me moría y luego ya no. Y a ratos no respiraba y luego ya sí. Pero al cabo de un tiempo, no te quedó nada por meter en la maleta. Estuve un rato, que a lo mejor fue un siglo, frente a la puerta cerrada. Y ahora que ya no me acuerdo de respirar, respiro.

Ahora que estoy muerta, respiro. 

Foto: Puerta Cerrada, de Carlos Naranjo

27/02/2007 17:05 Autor: viajesinzapatos. #. Hay 1 comentario.


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